Tangos insólitos

Tangos insólitos

Idea, selección, coordinación, investigación y producción ejecutiva, Cecilia Kamen Bag.


Dedicado a: Claudia Burr, José Luis Hernandez, Edgardo García Carrillo, Carlos Fernando Porcel de Peralta (Nahuel).

Para representar el Barroco el filósofo francés Gilles Deleuze utilizó el pliegue como alegoría, pliegue sobre pliegue hasta el infinito, pliegues de la materia y pliegues del almanaque al desplegarse nos revelan un solo lienzo, bien ilustrado en el Entierro del Conde de Orgaz de El Greco. Podemos también acercarnos al tango con la alegoría de otro pliegue, el pliegue de los labios y el deseo, de los brazos y la nostalgia, del cansancio y las piernas. Un pliegue que jamás se extenderá en un solo tejido, sino que teje con ecos de todas partes, historias de amor infeliz, de apetitos insatisfechos, de traiciones y de sueños con dejo de pesadilla y de insomnio.

El tango nace de muchos cruces, a mediados del siglo XIX, Argentina contaba con poco más de un millón de habitantes, cincuenta años después superaba los seis y medio; en la urbe, y en los barrios pobres suburbanos, en el arrabal, se cocinaba con elementos africanos, latinoamericanos y europeos, una fusión cultural de la que nace el tango y el lunfardo. Inmigrantes europeos y gauchos comparten su nostalgia y su “resentimiento erótico… la nostalgia de la comunión y del amor, la añoranza de la mujer”, como escribiera Sábato. Hombres de diversos mares y tierras se encontraban en los prostíbulos, donde las trabajadoras eran mayoritariamente afroargentinas. Antes de que la fusión fuera un género musical nace el tango sin parecerse a nada.

Prohibido, exportado de contrabando, el tango causó revuelo universal. Si bien Borges se queja de los acentos falsos de los tangos compuestos lejos del Río de la Plata, hay que reconocer que la invitación de lo prohibido es tan irresistible ahora como lo fue para los primeros habitantes del Paraíso. Nueva York, París y Roma lo recibieron en los primeros años del siglo XX, pero no deja de ser sorprendente que en Finlandia se vuelve desde 1930 uno de los géneros populares locales más auténticos y permanentes. Tocar, bailar, escuchar, componer, cantar; hay que distinguir las aristas que conforman las facetas del tango: la composición musical, de infinitas posibilidades y desarrollos a partir de un compás de dos por cuatro y una estructura binaria (tema y estribillo), la coreografía, siempre sustentada en el abrazo de la pareja, en el encuentro de miradas y sensualidades, la poesía de la letras que hablan del desengaño amoroso, del paso del tiempo y del arrabal. El tango permanece porque es como la vida misma.

La selección que presenta este CD (producto de la investigación de Cecilia Kamen Bag), como lo señala su título, es insólita y confirma la fertilidad universal del tango. Curiosos vínculos unen los tangos entre sí en un juego de complicidades y reflejos. El Tango d’antan de Dane Rudhyar es una joya de un curioso artista emblemático del modernismo de los años 20’s del siglo pasado. Nacido en París con el nombre de Daniel Chennevière en 1895, estudió filosofía en la Sorbona y música en el Conservatorio de París, para luego emprender un periplo como artista americano de vanguardia, muy cercano a Ruggles y Cowell, fue también poeta, pintor y escribió más de cuarenta libros sobre astrología y es reconocido como pionero de los postulados del New Age, si bien su pensamiento es sumamente complejo y a partir de una necesidad de divorcio de la cultura europea, a la que ubicaba en su otoño, integra ideas de Bergson, Jung y la teosofía con la espiritualidad de la India y Japón.

Rudhyar asistió al escandaloso estreno de la Consagración de la Primavera de Stravinsky, otro fanático del tango que vincula la danza con el mismo diablo en La Historia del Soldado. Pierre Monteux quien dirigió el estreno de la Consagración, también estrenó el ballet Métachorie de Rudhyar en 1917 en el Metropolitan Opera de Nueva York, la obra iniciaba con un preludio de Satie orquestado por el mismo Rudhyar. Tres cómplices del tango.

Precursor del dadaísmo, Satie convivió con artistas de cabaret de Montmartre (fue pianista de Chat Noir) y con figuras de la música de concierto como Vincent d’Indy, Debussy y Stranvinsky.

Lamentablemente pocas obras suyas revelan esta doble vida, un par de valses con letras pecaminosas y este Tango perpetuo, parte de la colección Sport et divertissements, que utiliza signos de repetición que teóricamente lo pueden hacer interminable. Como pianista de cabaret, Satie estaba muy al día pues el arzobispo de París prohibió el tango un año antes de que escribiera esta obra irresistible en 1914, la edición original incluía un grabado en la que se representaba a un gaucho bailando en un abrazo estrecho y Satie escribe que el mismo diablo baila el tango cuando se quiere refrescar.


El Perpetual tango de John Cage es un homenaje a Satie, cuyas ideas antirrománticas fueron una influencia temprana y duradera. Cage también hizo un arreglo de una obra para voz y piano de Satie titulada Socrate y ambos comparten un sentido del humor irrenunciable, parte de su ética modernista. La ductilidad de la composición invita al intérprete a una colaboración creativa mucho más amplia que en la mayor parte de las obras tradicionales. La obra fue comisionada por el pianista Yvar Mihashoff y está fechada en febrero de 1984. Cage adoptó los ritmos de Satie, omitiendo y extendiendo algunas notas. La tesitura de la obra proviene del tango de Satie, pero Cage no especifica las notas, sólo da indicaciones sobre los registros y algunos intervalos específicos.

Un año después, Cage escribió poemas para acompañar las 21 piezas de Sport et divertissements de Satie, con la intención de componer piezas para piano de la misma forma que hizo con Perpetual tango, aunque sólo compuso otra obra: Swinging (1989) basada en La balançoire de Satie.

Dariusz Milhaud es otro compositor que recibió la influencia de Satie, su Tango des Fratellini, se refiere a su ballet El buey sobre el tejado (1919), título de un tango brasileño, la obra escrita en colaboración con Conteau, cita una treintena de obras de Marcelo Tupinambá y Ernesto Nazareth. Milhaud vivió un par de años en Brasil, 1917-1918, como secretario de Paul Claudel, quien encabezaba la delegación diplomática francesa en Río de Janeiro. Los tres hermanos Fratellini eran parte del circo Médrano que actuaron en el ballet y la música de este tanguinho proviene del titulado Tristeza de Caboclo de Tupinambá. 

Dimitri Shostakovich proclamaba que la decadencia del occidente capitalista se reflejaba en su música: el foxtrot, el tango y los bailes de salón contrastaba con la fuerza de la música proletaria soviética representada por las marchas y las canciones de los pioneros, pero el gusto con el que arregló Tea for two, de memoria y en menos de una hora y el patente sentido del humor que impera en su ballet La edad de oro nos confirman que sin duda disfrutaba de esta danza, por lo visto no sólo prohibida por arzobispos y predicadores.


Mario Lavisa es uno de los grandes compositores mexicanos del siglo XX, su obra se caracteriza por una factura extraordinariamente cuidada y transparente y una sofisticación sensual en el uso de los colores instrumentales. Alumno de Chávez y Halffter en México, estudió también en la Schola Cantorum de París y en Alemania con Stockhausen. Su Tango rag hermana dos grandes aportaciones musicales del continente: el jazz y el tango, un maridaje que encontramos ya en el tango siguiente.

La Opera de los tres centavos es una genial colaboración de Kurt Weill y Bertold Brecht, en la que el antihéroe MacHeath, un criminal del Londres victoriano es salvado de la muerte en una parodia del “final feliz”. La balada es una de las composiciones más famosas de Weill, compuesta por presión del actor que encarnó al protagonista en el estreno de la obra en Berlín y quien insistió en contar con una canción que presentara a su personaje. Si bien infinidad de cantantes e instrumentistas han ofrecido versiones inolvidables de este clásico, la que ofrece este CD es, si duda, una de las más idiomáticas y tangueras. Fantástica.

La vinculación de jazz con el tango, la irrupción del “nuevo tango” encarnado por Astor Piazzola, dio lugar a lo que algunos han llamado el postango. Gerardo Gandini, alumno de Petrassi y Ginastera y pianista del Sexteto de Piazzola, es uno de los compositores más reconocidos de Argentina, autor de óperas, obras sinfónicas y de cámara. Su talento como pianista, compositor y renovador del tango le ha fincado, también, un lugar en la historia de este género.

El Tango Op. 165 No. 2 de Isaac Albéniz es una obra muy cercana a las habaneras del siglo XIX, su belleza melódica y su suave cadencia han dado por resultado una enorme cantidad de arreglos y versiones: Leopold Godowsky y Fritz Kreisler lo tenían entre sus encores favoritos, pero al introducir el rubato tradicional del estilo bonaerense del tango, descubrimos de nuevo esta obra en una versión idiomática e irresistible.

Otro compositor que estudió en la Schola Cantorum de París fue Juan José Castro, violinista, director de orquesta y educador, dirigió las orquestas de la Habana, Montevideo, Melbourne y la Sinfónica Nacional de Argentina. Invitado por Pablo Casals fue decano del Conservatorio de San Juan, Puerto Rico. Su tango Nostálgico refrenda un gusto impecable y un conocimiento supremo de la música argentina, lo mismo que muchas otras obras tradicionales: tangos y milongas.

Algunos estudiosos han puesto en duda la originalidad del Piccolo tango de G. Puccini, publicado en Nueva York en 1942 u fechado en 1907. En todo caso se trata de una deliciosa miniatura que por su expresiva línea melódica nos recuerda al autor de Tosca. Fue pocos años después que el célebre compositor escribió para la Metropolitan Opera de Nueva York su única ópera situada en el continente americano. La Fianciulla del West.

Tempo di Tango, de A. Copland, es parte de un ballet escrito en el periodo temprano de este gran compositor americano del siglo XX: Hear Ye! Hear Ye! Fue compuesto en el otoño de 1934 para Ruth Page, bailarina coreógrafa de Chicago. Escrito para una escena en la que una cabaretera estilo ”Mae West” describe un crimen en la corte, Page le pidió a Copland “una habanera jazzeada o un tango muy seductor”, Copland cumplió con esta página olvidada, ya que el ballet fue retirado por Copland en la década de los 40’s y sólo se escuchó de nuevo a principio de los 90’s en la interpretación orquestal dirigida por Oliver Knussen. El ballet, y en especial este Tempo di tango, nos presentan a un Copland más cercano a Gershwin y a la música de Broadway que al resto de su propia obra; si duda un gran rescate.

Otro gran compositor del siglo XX fue Conlon Nancarrow, nacido en Texarkana en 1912, su música tiene una gran complejidad rítmica y con frecuencia utilizó pianolas para lograr precisiones rítmicas imposibles para un ser humano. A lo largo del tiempo su importancia ha sido reconocida y compositores posteriores como John Adams han seguido sus descubrimientos. Nancarrow vivió en México después de la persecución de comunistas y se naturalizó mexicano en 1955. Su obra Tango? escrita en 1983, presenta la complejidad que le caracterizaron referencias a la cadencia de esta danza, su genial imaginación musical fue descubierta desde 1976 gracias al trabajo de Peter Garland y en 1981 realizó su primer viaje de regreso a los Estados Unidos. Gyorgy Ligeti lo llamó “el mayor descubrimiento desde Weber e Ives… el mejor de todos los compositores vivos hoy en día”.

Pero el tango no es necesariamente refugio de tristezas, el compositor mexicano Jorge Dájer, participante del taller de Carlos Chávez, lo confirma con su Tan gozoso que precede en esta insólita colección al de Nancarrow. Uno de los más famosos tangos La cumparsita está dentro de este género.

El pliegue infinito de sonidos, de ecos y memorias que abarcan la insólita historia del tango, queda patente en esta colección. El vínculo común es una interpretación intensa e idiomática que dilata el tiempo y pule el contorno melódico con un acento original e inconfundible. Reencontramos muchos y descubrimos otros más, pero la diversidad del tango, su coreografía irrepetible como los reflejos del caleidoscopio nunca dejarán de encantarnos y sorprendernos.

 Mtro. Benjamín Juárez Echenique



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