Música mexicana de salón con salterio

 

Música mexicana de salón con salterio, finales del siglo XIX y princios del siglo XX. 

Ensamble Centenario


El salterio es, sin duda, un instrumento cuyo sonido ha quedado ligado a los tiempos porfirianos y la lucha revolucionaria, pero más que nada, a los recovecos amorosos de los valses y danzas decimonónicas. Aunque sus orígenes milenarios parecen quedar envueltos en el misterio ancestral del Lejano Oriente, lo que sí podemos afirmar es que hacia 1880, el salterio cobró gran auge en México al incluírsele en las llamadas “orquestas típicas”, siendo el director Carlos Curti quien primero lo agregó en su agrupación, a instancias de Guillermo Moye, el primer gran salterista reconocido como tal por su virtuosismo.

Poco después, el maestro Miguel Lerdo de Tejada siguió la fórmula instrumental de Curti, organizando una Orquesta Típica de gran prestigio, donde el salterio tuvo la voz predominante al lado de las guitarras, los violines, las mandolinas, los bandolones y el xilófono, entre otros instrumentos; grupo que viajó por muchas poblaciones de México y los Estados Unidos con gran éxito entre 1898 y 1930, grabando además una impresionante cantidad de fonogramas donde siempre destacó el timbre inconfundible del salterio.

Cuando la asonada revolucionaria alteró la disimulada paz porfiriana, el salterio se ubicó en las agrupaciones musicales “de salón”, apropiándose de valses, marchas, danzas sentimentales, polcas y todo tipo de expresiones populares surgidas en los tiempos más convulsos de las dos primeras décadas del siglo XX. Más tarde, durante el gobierno del general Álvaro Obregón y como parte fundamental de las corrientes musicales nacionalistas, el salterio reafirmó su característico sonido dentro de las incontables orquestas típicas que surgieron a partir de 1920 y durante las dos décadas siguientes.


Fue en ese momento que la memoria popular ubicó al salterio como prototipo de “música de salón” y exponente de un repertorio que reflejó el quehacer artístico de las tres primeras décadas del siglo XX. La antología propuesta en este disco lo demuestra, ya que el repertorio abarca piezas significativas del período 1890-1936, destacando los valses: Sobre las olas, Alejandra, Olímpica, Cuando escuches este vals, Morir por tu amor y Dime que sí, este último, un vals tardío de la “Época dorada” de la radio en México. Además, se eligieron las polcas decimonónicas: Las bicicletas y La típica, lo mismo que la marcha porfiriana Lindas mexicanas y los fox trots de los “locos años veinte”: Chapultepec y Pompas ricas, ambos del período 1920-1922.


Este disco es la mejor muestra de cómo las nuevas generaciones siguen provocando un reencuentro con nuestras raíces musicales: Anabel Medrano, junto con la guitarra de Roberto Medrano y el contrabajo de Antonio Avendaño, han logrado con su excelente interpretación, revitalizar un repertorio histórico musical que permanecía vivo, latente, en la memoria colectiva. Escuchar este característico ensamble de cuerdas es afirmar que estas piezas musicales, la mayoría centenarias, guardan una tradición que ha sido transmitida por varias generaciones de mexicanos; las armonías que se desprenden de sus instrumentos suelen ser tan familiares y entrañables como el destacado timbre de esta caja musical. Todo esto lo manifiesta Anabel al pulsar con excelencia las cuerdas mágicas de su salterio.

Por JESUS FLORES Y ESCALANTE / PABLO DUEÑAS, 

Cronistas de la música y la cultura popular.


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