Si muero lejos de ti..., Chucho Monge. Canciones intervenidas por Luis Jaime Cortez.

Si muero lejos de ti..., Chucho Monge. Canciones intervenidas por Luis Jaime Cortez.

 

Francisco Araiza, tenor.

La Sinfonietta

Chucho Monge (1910-1964)

Dedico este disco a la memoria de mi madre, Libia Méndez  (Paloma, como gustaba llamarse en los andurriales mariacheros), cantante devota de Monge y su infinito cancionero.

Luis Jaime Cortez

Es uno de los grandes compositores de México. Autor de la canción que ha alcanzado el rango de segundo himno nacional, México lindo y querido, su imagen pública es apenas perceptible. La música es conocida sin que tomemos conciencia de su autor, a pesar de que a él debemos gran parte del repertorio canónico mexicanista. Una prueba de ello es que no existe un solo disco dedicado integralmente a su obra.

Grandes ejecutantes, en la radio y en el cine, se encargaron de dar fama a sus canciones. Uno de sus intérpretes, después de Lucha Reyes, fue sin duda Jorge Negrete, quien además de ser el primer intérprete de México lindo y querido, murió en condiciones tan dramáticamente específicas, que parecían una representación teatral que la realidad escenificó espontáneamente con el sentido de la canción, cosa que contribuyó a su canonización definitiva.


¿Quiénes lo han interpretado? Pedro Infante canta Alma (en la película La vida no vale nada) y Pobre corazón. Javier Solís, Miguel Aceves Mejía, Flor Silvestre, Las Hermanas Padilla, las Hermanas Águila, los Hermanos Martínez Gil, Los Dos Reales, el Trío Calaveras, Ana María González, el Trío Tariácuri, Emilio Tuero, Marco Antonio Muñiz, Pedro Vargas, Humberto Cravioto, Estela Núñez, y claro, Oscar Chávez, Eugenia León, Lucha Villa, Luis Miguel, Fernando de la Mora, Plácido Domingo, entre muchos, muchos otros: Ramón Vargas, Javier Camarena, Rolando Villazón. Y claro, Francisco Araiza.

Fue tal el entusiasmo por Monge en la vorágine de la época de oro del cine mexicano, que no sólo escribía las canciones de las películas, sino que sus canciones, a su vez, se convertían en el resumen de guiones cinematográficos que tenían éxito porque llevaban el nombre de la canción. Quizás habría que decir también que ese éxito rotundo se convirtió en una de las razones para que luego fuera relativamente olvidado, o conocido sólo por un pequeño número de canciones, pues muchísimas de ellas se quedaron encapsuladas en el celuloide.

Las canciones de este disco son en su mayoría un rescate rotundo, una muestra de la enorme creatividad de Monge, no sólo en la vocalidad casi operística de sus líneas melódicas, sino en la belleza verdaderamente poética de sus textos, que prosiguieron en muchos sentidos la tradición lírica del mejor romanticismo mexicano (Othón, Nervo, Acuña, Díaz Mirón).

Algunas de las canciones fueron tomadas al dictado directamente de las películas. Otras, de cintas provistas por Sandra Monge, su hija (pilar fundamental del proyecto). Algunas más, de los registros de derechos de autor.

Mantuve con absoluta exactitud las líneas melódicas y los textos. Mi intervención consistió en dar una nueva armonía, un contexto rítmico y una orquestación que pudiera llevarlas a las salas de concierto. Con la mayor modestia puedo decir que tomé como ejemplo lo realizado por Ponce en la canción del siglo XIX.

Si algunas obras se agregan al repertorio de concierto, habré logrado mi segundo propósito, pues el primero consiste en mostrar la enormidad creativa de un compositor de canciones nacido allá por el barrio de San José, en la provinciana ciudad de aquella Morelia de 1910.

Mi gratitud a ese artista total que es don Francisco Araiza (permítaseme ese don antiguo), quien es además un prodigio de nobleza y sencillez. 

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