Niccoló Paganini, guitarra virtuosa
Alessio Nebiolo, guitarra
Nicolò Paganini, entre ángel y demonio Marie Chabbey
“El efecto de mi sonido es tan mágico que enloquece por igual a las más grandes personalidades como a las delicadas señoritas…, la vibración de mis cuerdas las hace llorar”. Nicolò Paganini, en una carta a Germi (fecha desconocida)
La personalidad contrastante de Paganini, entre ángel y demonio, afectaba profundamente a aquellos que lo conocieron, así como a su numerosa audiencia en Italia y otros países. De conformidad con su carácter, su vida osciló entre tormentos, catástrofes (estuvo a punto de ser enterrado vivo cuando padeció sarampión a los cuatro años, fue encarcelado, fue perseguido después de la bancarrota del Casino de París) y un éxito artístico inaudito en todo Europa.
Su personalidad musical, que se pone en evidencia principalmente a través de sus interpretaciones, estaba caracterizada por una ambivalencia poderosa y fascinante: esta dualidad se manifiesta en los testimonios escritos de una gran cantidad de músicos contemporáneos, como Liszt, Schumann y Berlioz, entre otros. De acuerdo a éstos, Paganini era en ocasiones angelical, capaz de hacer cantar o sollozar como la más emotiva de las voces humanas; a cambio, el músico tenía un lado diabólico, dominado por un virtuosismo extremo y sin par acompañado de una pasión abrasadora que amenazaba estallar en cualquier momento.
Es crucial observar que las ideas y reflexiones sobre el arte, y en especial sobre la música, durante los primeros años del siglo XIX presentaban un ambiente sumamente favorable y dinámico para el desarrollo de la personalidad musical de Paganini. Durante el siglo XVIII, el pensamiento racionalista consideraba la música como un arte inferior, en tanto que sólo estimulaba los placeres sensoriales o, cuando mucho, jugaba un papel secundario como acompañante de los afectos expresados en palabras. El periodo romántico fue decisivo en la historia del arte al elevar la música a una forma artística superior. La música se convirtió en el arte de la infinitud “que revela la esencia racionalmente indefinible de la realidad”, 1 que abrió la puerta a los misterios del alma y conectó lo humano y lo divino. Este nuevo estatus de la música fue aceptado en general por artistas e intelectuales; el gran poeta italiano Giacomo Leopardi afirmó que: “Otras artes imitan y expresan la naturaleza de la cual se desprenden los sentimientos, pero la música no imita sino que expresa los sentimientos en sí mismos, los cuales surgen justamente de la música y no de la naturaleza”. Mario Puppo (1982) asevera que el siglo XIX consideraba la música como “una divinidad para el alma”, que ofrecía la característica particular de la ambigüedad, puesto que en música están reflejadas “la alegría y la tristeza, la broma y el estremecimiento del terror, la inocencia y el pecado, la luz y la oscuridad”. Es entonces innegable el efecto de espejo que existe entre la forma en que se describe la música en la época y el retrato musical de Paganini. Lo que Goethe escribió sobre el artista condensa la particularidad del estatus de la música así como la importancia de Paganini en este contexto: “Entre los artistas, lo demoniaco se observa son mayor frecuencia entre los músicos que entre los pintores. Con Paganini se presenta de un modo manifiesto y produce efectos extraordinarios”. 2
Paganini y la guitarra
De acuerdo a los testimonios escritos de sus contemporáneos, Paganini tocaba la guitarra tan magníficamente como tocaba el violín. Llama la atención que nunca ofreció conciertos públicos de guitarra; más bien guardaba ese instrumento para los cuantiosos conciertos privados con que deleitaba a sus amigos. Héctor Berlioz narra en sus Soirées de l’orchestre (pub. 1852), que “… cuando se cansaba del violín, abría su maletín y sacaba una colección de dúos que había compuesto para violín y guitarra (una colección desconocida por todos [en esa época]); […] [Paganini] tocaba la parte de guitarra y revelaba efectos extraordinarios del instrumento”. Algunos especialistas postulan que Paganini tocaba la guitarra en privado para liberarse de las expectativas del virtuosismo descomunal que se esperaba de él como violinista. Otros piensan que, de acuerdo a una especie de estrategia de mercado, él prefería ser estrella en un sólo instrumento. Sin embargo, sabemos que para Nicolò, la guitarra era tanto un instrumento de viaje como de compañía puesto que siempre tenía una guitarra junto a él, y también porque usaba el instrumento para buscar nuevas armonías y probar algunas ideas del proceso compositivo de sus obras de cámara.
Nicolò Paganini: cuando un violinista compone para la guitarra
“El violín y la guitarra son las almas indivisibles del genio de Paganini: no se puede evocar el uno sin la otra”. (Paolo Paolini)
La
idea de Paolini es relevante a este proyecto, puesto que pensamos que la
actitud de Paganini respecto a la composición para guitarra es muy cercana a su
actitud cuando compone para violín. La cantidad de líneas melódicas virtuosas
que uno puede encontrar en sus composiciones para guitarra (escalas, notas repetidas, saltos, etc.) corrobora esta idea. Aún más, y en mayor
medida significativa, es la concepción horizontal de la música de Paganini
(como lo afirmó Ruggiero Chiesa en el prefacio de su edición para guitarra), la
que hace que su obra para guitarra sea sumamente innovadora y original en el
panorama guitarrístico de la época.
Fernando Sor, Dioniso Aguado y Mauro Giuliani entre otros son sin duda los compositores de guitarra cuyas contribuciones al desarrollo creciente del instrumento son esenciales. Sin embargo, todos parecen escoger un lenguaje capaz de descubrir el inmenso rango de las ricas capacidades polifónicas del instrumento. En cambio, la música de Paganini parece estar pensada para otorgar el papel predominante a la melodía, a la vez de conferirle la parte principal de la fuerza emocional. En otras palabras, es como si, a pesar del tratamiento personal de las líneas melódicas, su música fuera directamente a lo esencial y a lo que conmueve nuestro corazón y nuestra alma. Cabe señalar que la aparente simplicidad musical de la música de Paganini es lo que probablemente ha hecho que algunos guitarristas subestimen la riqueza de sus composiciones, o que las consideren fácil de tocar (las Ghiribizi) en comparación con el resto del repertorio de la época. Esto podría explicar la razón por la cual la música de guitarra de Paganini no es muy conocida y se toca sólo ocasionalmente en la actualidad. El enfoque musical de Nicolò, así como su propia personalidad musical, conmueve profundamente a Alessio Nebiolo: su sensibilidad y su virtuosismo tienen el propósito de rendir tributo a las obras para guitarra sola de Paganini.
La edición de la obras de Paganini
Antes de morir Paganini le pidió a su hijo, Achille, que se ocupara de sus obras inéditas. A la muerte de Achille, en 1908, el Estado italiano intentó comprar los archivos de “la colección póstuma de manuscritos inéditos”. Una comisión gubernamental de tres músicos (Luigi Torchi, Enrico Polo y Ettore Pinelli) se encargó de examinar la música. La comisión declaró que admiraba la obra de Paganini como violinista pero que lo consideraban como un compositor bastante superficial. En conformidad con dichas observaciones, el Estado italiano decidió no adquirir dicho fondo. No fue sino hasta 1971, después de un importante trabajo de recolección de obras (pues una gran parte de las composiciones de Paganini se habían vendido por separado a músicos y coleccionistas de todo el mundo), que el Estado italiano finalmente adquirió el fondo. Este repositorio, que contenía obras de guitarra inéditas, fue depositado en la Biblioteca Casanatense de Roma. En los años siguientes se comenzó a editar la obra completa de Paganini. La obra para guitarra sola no publicada sólo se conoce desde 1980. Esto puede explicar, entre otras razones, por qué aún en la actualidad, las composiciones para guitarra de Paganini son menos conocidas y ejecutadas que las de sus contemporáneos (Sor, Aguado, Giuliani).
La selección musical de Alessio Nebiolo
El programa que se ofrece en esta grabación está compuesto por las tres obras de Paganini para guitarra sola: una selección de Ghiribizzi M.S. 43 y de las 37 sonatas M.S.84 y por último de la famosa y maravillosamente virtuosa Grand Sonata M.S. 3 para guitarra sola (con acompañamiento de violín).
Los Ghiribizzi se compusieron en Nápoles entre 1818 y 1820. De acuerdo a las indicaciones del compositor, estas piezas “fueron escritas para una niña pequeña en Nápoles y mi intención no era componer sino garabatear algo; sin embargo encontrará usted que algunas de las melodías tienen cierto interés, y, aunque sea para pasar el tiempo, haría bien en mostrárselas a la amable hija del Signor Botto”. (Paganini citado en el prefacio de la edición musical de Ruggiero Chiesa). Estas breves piezas están inspiradas en obras del mismo Paganini y en aires y temas del repertorio. Entre ellas, las siguientes piezas fueron escogidas para esta grabación: el núm. 8, que está basado en un tema popular que también empleó Mauro Giuliani en sus Variazioni op.118; el núm. 16, que cita el aria de Paisiello “In cor più non mi sento” de “L'amor contrastato, ossia La molinara”, cabe notar que este mismo tema también le inspiró a Paganini la creación de un ciclo de variaciones para violín; el núm. 20, que está compuesto sobre la famosa aria de Don Giovanni de Mozart: “La ci darem la mano”; el núm. 22, en el que Paganini reelabora el tema de su Primavera para violín y orquesta; el núm. 37 basado en el aria de Rossini, “Ma quel piacer che adesso” cantada por Gianetto en el primer acto de La Gazza Ladra. Hay que señalar que el tempo original es allegro, mientras que en la transcripción de Paganini está la indicación adagetto con espressione.
Gracias a su simplicidad técnica, estructural y formal, Alessio Nebiolo considera que “esta música, más que otras obras, revela de modo inequívoco el alma de Paganini. Ilustra la habilidad del compositor para otorgar una fuerza inmediata a la línea melódica además de emplearla como la fuente exclusiva para expresar sus sentimientos, como lo haría un violín. La melodía se emplea de modo sumamente directo, como la cantaría un niño, y llega directamente al alma. Para mi los Ghiribizzi son pequeñas gemas del repertorio guitarrístico.”
Paganini compuso las 37 Sonatas entre 1803 y 1823. Sería un error buscar un parecido entre la forma sonata clásica y estas Sonatas, pues Paganini usó el término de acuerdo a su sentido etimológico como “una obra para ser sonada”. Las Sonatas para guitarra sola que fueron elegidas para esta grabación están compuestas en dos movimientos, excepto la núm. 37, que es en un solo movimiento. Cabe señalar también que la palabra « minuetto », frecuentemente usada como título, no debe considerarse como una indicación estricta, puesto que la única referencia clara a esta forma de danza es en su compás de tres tiempos.
La Grand Sonata M.S. 3 (para guitarra sola con acompañamiento de violín) fue compuesta en 1803. Esta obra, así como la Sonata Concertata M.S. 2 (para violín y guitarra) son especiales en el panorama compositivo para estos dos instrumentos, puesto que en este caso se le da prioridad a la guitarra sobre el violín, y se subraya el papel dominante de la primera sobre el segundo. Mientras el M.S. 2 proporciona una parte balanceada para cada instrumento, el M.S.3 otorga al violín una parte bien modesta. La falta de consistencia en esta parte de violín lleva a Ruggiero Chiesa a postular que el acompañamiento pudo haberse agregado después de compuesta la parte de guitarra. Sin embargo, la parte de guitarra es, en ocasiones, relativamente vacía en términos de sustento armónico y rítmico. Por ello, muchos guitarristas integran la línea del violín a la de la guitarra, una solución que, de acuerdo a Alessio Nebiolo, no resulta siempre satisfactoria: “Los intérpretes a veces agregan demasiadas notas y casi vuelven a armonizar algunas secciones de la pieza, lo cual le da un carácter pesado que, pienso, traiciona la intención original. Además de que, incluso si consideramos que la parte de violín se agregó después, tenemos que imaginar que Paganini lo hizo por razones musicales…” Por lo tanto, la versión de Alessio Nebiolo de la Grand Sonata propone completar la falta de apoyo armónico y rítmico con el añadido de algunas notas a la parte de guitarra. Estas notas están sugeridas directamente por la parte de violín de Paganini.
Notas: 1-Mario Puppo, Convegno internazionale sul tema Nicolô Paganini e il suo tempo, Genova, 27-29 de octubre de 1982, p. 83. 2- Goethe citado en Pippo, 1982, p. 87.

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