Música para un árbol, Mario Lavista
VerónicaMurúa, soprano; HoracioFranco, flauta de pico; Bozena Slawinska, violoncello; Mario Lavista, thai gong. Copas De Cristal
La música en De ser Árbol y Denudatio Perfecta
En sus representaciones del cuerpo humano Sandra Pani entrelaza
vigor, sutileza, precisión, movimiento. Sus obras navegan entre lo figurativo y
lo abstracto, impregnadas siempre de una férrea voluntad por transitar de lo
efímero a lo trascendental. Los
soportes pueden ser opacos o translúcidos, rígidos o telas excepcionalmente delgadas
y móviles. En ocasiones se incluyen líneas bordadas, radiografías médicas,
piezas metálicas o nidos de aves y ramas, siempre implicando una profunda e imbricada
conversación entre naturaleza, humanidad
y destino. Los tonos grises y terracota predominan acentuando este universo
de significación, habitual en la obra de Pani y ciertamente unificador de las
series tituladas De ser Árbol y Denudatio Perfecta. A momentos la senda
transitada es irrevocablemente trágica, pero, en medio de la gravedad de la
inflexión Pani analiza, no predica. La abundancia de blancos y marfiles
proyecta una intención diáfana que, gracias a la plasticidad de las formas y
materiales, abre un espacio de acercamiento a lo sublime.
En Denudatio
Perfecta cada pieza aparece integrada por cuatro o cinco lienzos, generalmente
del mismo tamaño y con un alto grado de transparencia, etéreos y colgados a una
altura que invita al observador a adentrarse de manera casi física. Los trazos que componen los cuerpos aparecen
en una de estas telas—o se proyectan en varias—y la distancia entre ellas, el
volumen que se percibe de frente y de lado, hace que espacios reales que integran
la obra—o en los que ésta habita—asuman un papel protagónico. Los materiales de las varias capas de tela y
los ocho a doce centímetros que las separan provocan que fácilmente se muevan cuando
uno se desplaza. Así las obras responden a quienes las observan y reaccionan ante
las corrientes de viento propias del sitio en donde se albergan.
En las piezas de formato rígido los contornos y
ubicación de las formas dibujadas—porciones del cuerpo humano que con
frecuencia aparecen separadas entre sí—logran que el espacio de fondo fluya
entre los brazos y las piernas pintados o insinuados. De esta mantera el
lienzo, el soporte mismo se vuelve una especie de magma blanco y espeso que
transita entre las partes dibujadas, entre los fragmentos que la mente del observador
anhela conectar. Las presentaciones que implican algún tipo de violencia o
accidente físico no caen en lo grotesco.
Al contrario, el fondo se cuela entre las partes de los cuerpos como una
especie de velo que protege y cubre articulaciones cardinales. Ello deja claro
que la intención no es desmembrar, sino analizar para trascender. En las dos series, De ser Árbol y Denudatio
Perfecta los cuerpos representados tienen las proporciones y altura del
observador promedio. Su verticalidad los
vuelve espejos, reflejos de uno mismo ubicados cerca del piso: un “yo” desdoblado
o desplegado que en la serie De ser Árbol
se transforma en raíces y ramas.
Las obras creadas por Lavista a partir de ambas series-exposiciones
subrayan la musicalidad implícita en ellas, la representación de intersticios
por los que la mente transita y la temporalidad que ello involucra. Al mismo
tiempo, las dos obras musicales se realizan desde perspectivas opuestas, si
bien complementarias.
Escucha 3:28 minutos de la obra:
Ser, dejar
de ser, o ser más en Música para un árbol
Música para
un árbol se estrenó en la
inauguración de la exposición De ser
Árbol y presenta elementos de aleatoriedad que parecieran referirse a la
música creada por el mismo Lavista en los años 70, como si el compositor mirara
sus propias raíces.[1]
Escrita para voz, flauta, violoncelo y copas, la obra consiste de cinco partes
breves escritas para cada instrumento con toda precisión. La música que toca
cada intérprete es diferente, en mucho diseñada a resaltar tanto aspectos
idiomáticos de cada uno de éstos instrumentos, como sus posibilidades
interpretativas en el mundo sonoro contemporáneo. Contrastando con el significado que implica
escribir música, en este caso con la escritura de las partes que toca cada
instrumento, el devenir y la duración de la ejecución es impredecible ya que cada
uno de los músicos participantes decide no sólo el orden en el que se interpreta
la música escrita, sino la cantidad de veces que repite cada parte. Por esta
razón las posibilidades de realización son prácticamente infinitas. En este
caso, la relación de la música con la obra plástica invita a pensar la
aleatoriedad como una representación del caminar entre las obras y al interior
de ellas, una manera personalizada que enfatiza la manera irrepetible como cada
observador habrá de recorrer los intersticios revelados por Pani; una relación
con la obra plástica en donde la música emula el fluir entre los trazos que instigan
al observador a transitar la obra desde adentro, en el caso de Lavista,
incluyendo la voluntad y el instinto de vida de cada uno de los
músicos-intérpretes.
Así, en ambas experiencias, la plástica y la musical, el
resultado en mucho dependerá del observador, del escucha y del momento
existencial desde el cual ambos proyecten su pasado, su impulso, su
potencial. En el horizonte prevalece el
deseo de trascender lo efímero, las paradojas de ser, dejar de ser, o ser más.
Como en Pani, la propuesta colaborativa de Lavista apunta hacia lo
trascendental, pero en su caso la religiosidad se vuelve un tanto más explícita
ya que las cinco partes que interpreta la voz repiten un mismo texto tomado del
Systema Naturae en donde el autor, el
polifacético académico sueco Carl Linnaeus (1707-1778), se refiere a un Dios
creador : Creationis telluris est gloria
Dei ex opere Naturae per Hominem solum (La creación de la tierra es la
gloria de Dios, como el hombre observa en las obras de la naturaleza). Como si
fuera un canto ancestral la voz se mantiene dentro de un rango reducido y las
copas se mueven en una especie de órganum afinado en cuartas justas. Este
aspecto medieval y religioso también apunta a los intereses muy personales de
Lavista tal como lo han señalado en distintas ocasiones los estudios sobre este
compositor realizados por Ana Alonso Minutti.[2] Al mismo tiempo, la referencia a Linnaeus, un
autor reconocido por su concienzuda capacidad de observación y clasificación, adquiere
un significado adicional que sirve para denotar el afán analítico y la
meticulosidad de Pani.
Bocetos para una rama (de Sandra)
Lavista toma una ruta diferente en Bocetos para una rama, escrita para la serie Denudatio Perfecta. Como se ha visto aquí, ante la estabilidad de los formatos rígidos que predominaron en la exposición De ser Árbol, el compositor habría de recurrir a lo aleatorio y la improvisación, gestos que invitan a pensar en la temporalidad y fluidez sugerida en la composición de la obra plástica. Pero en Denudatio Perfecta, en donde los lienzos suaves se mueven al paso del observador, Lavista deja fuera la indeterminación para responder con una obra escrita de principio a fin; en lugar de concentrarse en la eventualidad de la mirada, en esta obra musical la atención más bien parece dirigirse hacia el vigor del trazo de Pani. Significativamente, y muy posiblemente con el afán de continuar la paradoja, la inclusión de la palabra Bocetos en el título contrasta con el rigor y la naturaleza de una obra consumada en la escritura de una partitura final.
Bocetos para
una rama (de Sandra) se estrenó en el
auditorio del Palacio de Medicina el 12 de febrero de 2015 y a los dos días se
escuchó en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes bajo la batuta
de Jose Luis Castillo, junto con otras ocho piezas escritas con la misma
exposición en mente por Javier Alvarez, Georgina Derbez, Jose Luis Hurtado,
Victor Ibarra, Lorenzo Medina, Alejandro Romero, Jorge Torres y Hebert Vázquez.
Escrita para, para flauta, clarinete en Bb, violín,
violoncello y piano la obra dura aproximadamente seis minutos y comprende cinco
partes señaladas en la partitura como Lento,
Estático e più lento, Poco più mosso, Tempo I y Più mosso. La primera parte
es la más larga, dura aproximadamente dos minutos en los que se escucha como se
va construyendo una Klangfarbenmelodie,
una línea melódica distribuida entre varios instrumentos. Al comienzo
participan principalmente el clarinete y la flauta en un devenir que va
repitiendo, de manera pausada y reflexiva, lo que se ha logrado, cada vez
añadiendo un siguiente elemento, como si nos explicara la importancia y
personalidad de cada trazo musical y visual.
Posiblemente como resultado de un intento consciente o inconsciente de
salir de sí mismo y volcarse hacia el proceso creativo de la artista, en esta
obra prevalece un corte argumentativo con un pulso bastante marcado. En la segunda parte el piano cobra
importancia, al mismo tiempo que es quien con más insistencia lleva el pulso. La
tercera parte es la más breve y funciona como un antecedente de la quinta y
última parte. En la cuarta, mientras tanto, se escuchan harmonías ya más
estables, a la vez que fragmentos de la melodía inicial reaparecen con
distintas combinaciones tímbricas. A lo
largo de toda la obra el rango asciende paulatinamente, como si se moviera de
lo terrenal a lo transcendental.
Así, desde ángulos diferentes, las dos obras musicales
complementan ambas exposiciones. La manera como Lavista apunta a los procesos y
resultados creativos más característicos y esenciales de Pani dan fe de la
compenetración que existe entre estos dos artistas, de la búsqueda intelectual
y existencial que comparten y de una unión matrimonial que rebasa lo terrenal.
Luisa
Vilar Payá
Escucha la obra completa:
[1]
Luisa Vilar Payá y Ana Alonso Minutti, “Estrategias de diferenciación en la
composición musical: Mario Lavista y el México de fines de los sesenta y comienzos
de los setenta. Revista Argentina de
Musicología 12-13 (1012): 267-90.
[2]
Ana Alonso Minutti, “Espejos de un orden superior: la música religiosa de Mario
Lavista”, Pauta. Cuadernos de teoría y
crítica musical, Vol. XXXII, Núm. 134 (2015): 67-82.

Comentarios
Publicar un comentario