La obra integral para piano de José Pomar

La obra integral para piano de José Pomar

Rodrigo Acevedo Traba, piano.

¿Quién fue José Pomar?

José Pomar Arriaga nació el 18 de junio de 1880 en la Ciudad de México.

Aunque la mecánica fue su primera vocación, su gusto por la música le llevó a estudiarla seriamente, logrando eventualmente tomar clases con Carlos Meneses y Gustavo E. Campa, dos de los maestros más reputados en aquella época, con quienes estudió piano y composición, respectivamente.


Durante sus primeros años de juventud se dedicó a la composición y a la docencia. En 1904 contrajo matrimonio con Luz Aguilar, con quien procreó cuatro hijos: Luz, Dolores, Teresa y Fausto. Sin embargo, hacia 1908 tuvo que abandonar la capital debido a sus ideas políticas y emigró a Pachuca donde fundó el Sexteto Pomar y, a partir de 1911, impartió clases de música en el Instituto Científico y Literario del Estado de Hidalgo. Durante la Revolución se enlistó en las tropas de Pablo González y participó activamente en los enfrentamientos armados, los cuales eventualmente abandonó por disentería y un balazo en la rodilla.

En 1915 fue nombrado Oficial Segundo de la Dirección General de Bellas Artes por lo cual regresó a la capital mexicana; ahí propuso algunas reformas importantes al Conservatorio Nacional de Música y gestionó la formación de los conservatorios de Guanajuato y Puebla.

A principios de 1916 fue ascendido a Oficial Primero, pero a los pocos meses fue cesado de su puesto sin motivos. Desempleado y con toda una familia que mantener, Pomar se vio obligado a tomar un empleo en la Secretaría de Industria y Comercio hacia 1917, dentro de la cual laboró durante once años.

Pese a ello, continuó inmerso en el medio musical de Guanajuato, ciudad en donde fundó y dirigió las Orquestas Sinfónicas de Guanajuato y de León, las cuales interpretaron obras suyas. Posteriormente vivió un tiempo en Guadalajara, en donde se relacionó ampliamente con José Rolón y Ramón Serratos.

A principios de 1828, su esposa falleció. La infructuosa espera por conseguir un empleo como maestro de música en dicha ciudad le llevó finalmente a regresar a la Ciudad de México en 1928 para formar parte del cuerpo docente del Conservatorio Nacional de Música, dirigido en aquél entonces por Carlos Chávez. Ahí se relacionó especialmente con Jacobo Kostakowsky y Silvestre Revueltas, unido por sus ideas musicales y políticas.


Durante la década de los treinta, Pomar compuso varias obras para orquesta y produjo un importante número de piezas vocales con textos de fuerte carga política. Miembro fundador de la Liga de Autores y Artistas Revolucionarios (LEAR) y afiliado al Partido Comunista, la labor musical de Pomar adquirió un enfoque social, lo que le llevó a fundar y dirigir coros de obreros y trabajadores, como el de la Universidad Obrera de México. Su última obra America. Sinfonía en Do (1946), poseedora de un polémico discurso político, fue estrenada casi 50 años después de su creación.

Posteriormente se apartó de la creación y dedicó sus últimos años al ferromodelismo y a la docencia en la Escuela Nocturna de Música para Trabajadores (hoy Escuela Superior de Música), de la que incluso se convirtió en subdirector. Falleció el 13 de septiembre de 1961 en la Ciudad de México.

Rebelde, incansable y de convicciones firmes, José Pomar fue uno de los músicos mexicanos más importantes de la primera mitad del siglo XX.

El corpus para piano de José Pomar

Resulta interesante tener la posibilidad de escuchar toda la obra original para piano[1] de alguien como José Pomar, cuyo lenguaje, el cual representa una propuesta inusual en el medio musical mexicano de principios del siglo XX, se caracteriza principalmente por el uso extensivo de movimientos cromáticos y progresiones poco convencionales, una escritura rica en contrapunto, la predilección por las formas cíclicas y un interesante manejo de la transformación temática.


Considerando que es su primer obra, El Juglar (1898) es una pieza interesante, debido al virtuosismo y al carácter programático utilizado. Pomar consigue transmitir de forma acertada el conflicto interno del personaje principal, quien vive una existencia desdichada a pesar de dedicarse al entretenimiento, asignando una melodía a cada una de estas dos facetas, alternándolas y llevándolas a un clímax que representa el trágico final del juglar, quien muere en pleno acto, presa de sus preocupaciones. La coda dota a este desenlace de un aura de emoción y tristeza.

Las inéditas Dos danzas para piano (1899) reflejan el gusto que, ya desde entonces, Pomar profesaba hacia la música de salón, precisamente en boga durante aquellos años. Dichas formas y ritmos aparecerán constantemente a lo largo de su producción musical.

La Quimera (1899-1902) era originalmente una colección de piezas que Pomar dedicó a algunos de sus amigos del medio artístico y a las que posteriormente añadió unos sugerentes títulos cuya narrativa está relacionada con la muerte. Lo que comienza siendo una visión idílica y encantadora, concluye en la peor y más dramática de las tragedias. Aunque la obra adolece de contraste entre sus primeros movimientos, su carácter se convulsiona hacia el penúltimo -titulado Entierro- y concluye con Envío, epílogo de la suite.

La Serenata (1902) es otra obra cuya historia puede adivinarse a pesar de no contar con un programa escrito: narra la llegada y posterior partida de una banda musical cuya serenata, inicialmente tranquila, se agita hasta culminar en una atmósfera un tanto desesperada. El virtuosismo requerido para la obra es considerable y junto con El Juglar, se erige como una de las pocas obras de alta demanda técnica de esta primera época.

A continuación, Pomar inició la composición de cuatro colecciones de piezas, que comenzaría a escribir a partir de 1902 y concluiría hasta 1915. Primero tenemos el ciclo de las Cuatro hojas de álbum (1902-1904), dotadas de una elegante escritura y un rico contrapunto, características que impregnarán sus trabajos posteriores. Todas están compuestas en forma de vals y en tonalidades mayores, pero cada una tiene una personalidad completamente definida y bien diferenciada entre sí. La última probablemente quedó inconclusa.

Posteriormente, el ciclo de las Cuatro mazurkas (1903-1908) actúa como una contraparte a las Hojas de álbum, ya que todas fueron concebidas, esta vez, en tonalidades menores. La Segunda mazurka (1905), de mayor extensión y reconocible estilo chopiniano, está dedicada a Ernesto Elorduy, quien estudiara en Europa precisamente con uno de los alumnos del genio polaco. Por su parte, la Cuarta mazurka (1908) posee armonías que anuncian ya un gusto por las inflexiones inusuales y anticipa las nuevas rutas musicales que Pomar tomará a partir de entonces.

Para cuando compuso dicha mazurka, Pomar ya había concluido el ciclo de Tres preludios (1906-1907), que representa su cumbre romántica al piano. El primero es bastante más grande y elaborado que los otros dos y está dedicado a su amigo Manuel M. Ponce. Al igual que sucede en la Serenata, la pesada textura en acordes constituye un reto para que el intérprete consiga dibujar la línea de las inspiradas melodías que propone.

El ciclo de Tres interludios “Al arrimo de su cariño” (1912-1916) contrasta con el de los Tres preludios, esta vez porque el lenguaje que propone, a pesar de conservar el cariz romántico, supone el primer intento de Pomar por lograr un lenguaje armónico distinto, basado en una lógica predominantemente cromática ensayada previamente en el Interludio en Sol Bemol (1907) -cuyo bosquejo previo fuera inicialmente titulado como Oblación. Fiel a una memoria (1907)-. Cada uno de sus títulos describe el cariño profesado hacia su esposa Luz Aguilar: Renaciente como la aurora, Fúlgido como la tarde y Enigmático como la noche. En este último interludio, el pensamiento cromático de Pomar inunda la pieza a tal grado que no es posible establecerla en el marco de una tonalidad principal, lo que explica su mote de "enigmático".

Las Dos fugas para piano (1907) demuestran la seriedad con la que Pomar se acercó al estudio del contrapunto. La influencia de Bach es innegable, figura con la cual había entrado en contacto previamente al interpretar algunas de sus obras para teclado junto a sus amigos Luis Moctezuma y Manuel Bermejo.

Las dos pequeñas Piezas para piano de 1911 y 1917 dan testimonio de dos mundos sonoros entre los que la estética de Pomar se movía: uno moderno, dotado de acordes de séptima, novena e interesantes progresiones cromáticas; el otro más tradicional y en este caso, con una evidente intención nacionalista.

Posteriormente Pomar inicia la composición de sus obras de gran formato. En 1912 escribe cuatro de las cinco piezas de la suite El Ex-convento de San Francisco en Pachuca, una de sus obras maestras y posiblemente la más interpretada. De corte impresionista y poseedora de un lenguaje moderno que a veces recuerda a Debussy, describe un recorrido por dicho recinto, utilizando motivos y temas que relaciona con cada uno de los lugares que contempla. El pozo sería compuesto hasta 1919 y al igual que el interludio Enigmático como la noche, está construido con un andamiaje armónico que modula constantemente, eludiendo cualquier resolución tonal.

La divertida suite Bosquejos de escenas infantiles (1912-1928) dedicada a sus cuatro hijos, tiene como antecedentes la famosa obra homónima de Schumann y Children’s Corner de Debussy, esta última compuesta apenas unos años atrás y a la cual se debe el Cake-walk del gato, la pieza más simpática de la suite. Siguiendo la moda de la época, cada título está moldeado según una danza de salón, lo cual aporta una gran riqueza rítmica, de carácter y contraste al conjunto.

La Sonata para piano es sin lugar a dudas la gran obra maestra para el piano de Pomar. Sorprende el virtuosismo propuesto y el variado abanico de recursos técnicos, algunos de los cuales no volverán a aparecer en su producción posterior. La construcción temática es muy interesante, ya que todos los temas surgen de un puñado de motivos que aparecen en el primer movimiento -El presago- y que solamente volverán a aparecer juntos en el último movimiento a manera de recapitulación, atestiguando el cumplimiento del presago, implacable y terrible.


La Balada de Noche Buena (1915), de gran demanda técnica aunque con recursos menos ostentosos que aquellos de la Sonata, puede considerarse hermana de la Balada mexicana de Manuel M. Ponce, concebida un par de años atrás.  Los temas que utiliza eran típicos de la Navidad mexicana y son todavía muy conocidos hoy en día: Tiren confites y la Arrulladora del Niño Jesús. Siguiendo los pasos del compositor zacatecano, previo a la composición de esta obra, Pomar hizo arreglos de varias canciones populares mexicanas entre 1910 y 1915.

Después de un silencio de siete años, Pomar vuelve a sentarse al piano para componer un par de obras más: la Oblación a los compositores populares (1926-1929), homenaje a tres músicos mexicanos famosos en los últimos años del siglo XIX y cuyos nombres desgraciadamente han quedado prácticamente olvidados. Interesante resulta la mezcla de las formas de salón, que remiten a un pasado decimonónico, con el moderno lenguaje armónico propuesto, sin duda el más avanzado de toda su producción pianística.

Finalmente, la Sonatina para piano (1934) cierra de forma prematura pero magistral este notable corpus de obras, resumiendo los principales atributos del pensamiento musical de Pomar: el dominio de diferentes lenguajes armónicos (tonal, modal y cromático), el uso de un contrapunto riguroso pero creativo y la incorporación del elemento popular sugerido en el segundo movimiento Con aire de danzón.

Rodrigo Acevedo Traba



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