Habaneras Mejicanas, canciones y danzas criollas.

 

Habaneras Mejicanas, canciones y danzas criollas

Luz Angélica Uribe, sopranoMónica Espíndola Mata, sopranoDúo Gimeno-Barrera, guitarras.

 

El origen de la Habanera es remoto y se le han identificado raíces tanto africanas como europeas. Una de las características más peculiares de la Habanera es un  patrón rítmico que contrapone fragmentos de tiempos diferentes y simultáneos, dando por resultado un movimiento cadencioso, muy atractivo y sensual que causó especial atracción en los salones del Siglo XIX por su carácter exótico. Esto no era del todo ajeno a una práctica musical existente en España desde el renacimiento, pues en la música española existen muchas danzas en las que se alterna  esta división de tiempo que casi no encontramos en la música centroeuropea. Es un modelo característico de los Sones mexicanos y que podemos escuchar de manera muy persistente en las Pirécuas michoacanas. Así mismo, encontramos este patrón rítmico en innumerables Villancicos del mundo ibérico denominados guineo, negrillo, guaracha negrillo, guaracha y una variante muy grande de términos más populares, lo cual le abona un aire de originalidad para públicos centroeuropeos y nórdicos.

Tras la conquista, todos estos elementos fueron llevados por los españoles y sobre todo, por los esclavos negros que remplazaron en buena medida a la población indígena exterminada en la conquista, a las islas del Caribe. El elemento africano que se implantó en la Habanera tiene raíces en la llamada Danza de Totones. La Habanera es por lo tanto una danza nacida en el Caribe con antecedentes hispanos y africanos, un producto “mulato” que se arraigó en América y se extendió por Europa. 

Desde finales del siglo XVIII los elementos característicos de la Habanera ya estaban dados en la entonces llamada Contradanza, baile que estaba bien arraigado en Cuba. De hecho, la Contradanza más antigua que se conoce es la de San Pascual Bailón, de la cual se tienen referencias precisas desde 1803. Posteriormente circuló el Sugambelo guaracho que es una Contradanza cantada de 1813, ambas fueron publicadas por el historiador cubano Serafín Ramírez antes de que la isla declarara su independencia de España.

Esta Contradanza presenta ya las características rítmicas de la Habanera aunque sus elementos estructurales son todavía muy rígidos. Este tipo de Contradanzas eran también conocidas como Contradanzas Criollas.

Como era de esperarse la Habanera llegó a México desde principios del siglo XIX. La más antigua conocida hasta hoy es La pimienta, y según el investigador Gabriel Pareyón, está inspirada en la “Ribera del Hudson” y fue publicada en 1834.

Indirectamente México contribuyó de manera decidida a la expansión de la Habanera a través de La paloma, canción del compositor español Sebastián Yradier y difundida en Europa como la canción favorita de Carlota Amalia, entonces Emperatriz de México. La misma letra de La paloma sugiere este peregrinar, lo que la convierte en una canción de ninguna parte: un español que añora su salida de Cuba. La canción llega a México para convertirse en la favorita de la Emperatriz, quien regresa con ella a Europa en donde se desataría su trágico final.

En la Habanera, la imagen del mar está presente y su ritmo ambiguo y cadencioso contribuye perfectamente para evocar al movimiento de los barcos que surcaban el Atlántico.

Cuentan las crónicas que la cantante Concha Méndez, procedente de Cuba, cantó esta canción en México en una de las funciones del Teatro Principal. Carlota Amalia asistió, quedando fascinada al escuchar esa Habanera. Su entusiasmo por esa canción y por la cantante fue tal que le obsequió uno de sus brazaletes, gesto poco común en ella, pues las funciones de lo teatros mexicanos le parecían aburridas e insípidas. La difusión de dicha canción se debió a las damas de compañía de la Emperatriz, quienes la promovieron en los salones aristocráticos de Europa como “la canción de Carlota”. De hecho, en algunos círculos se referían a Carlota como “la paloma”.

El golpe magistral para la consagración de la Habanera fue dado por Georges Bizet con la Habanera de su ópera Carmen

Tanto la Paloma como Carmen contribuyeron para afianzar en la Habanera un rasgo femenino. La primera presentando el lado sentimental de la mujer y la segunda su poder de seducción, todo ello en una cadencia que remota al mar y al las formas onduladas del cuerpo femenino.

Con el paso del tiempo la Habanera fue recuperando algo de su nombre original y se le conoció como Danza criolla. En México se publicaron decenas de Habaneras a partir del período del Segundo Imperio que ostentaban en el subtítulo, de manera indistinta, el calificativo de “Danza habanera, Danza criolla o Danza mexicana”.

Como consecuencia del gran prestigio que adquirió la Habanera a partir de la ópera Carmen y el tratamiento virtuosístico que le imprimieron los compositores cubanos Saumell y Cervantes, la Habanera entró de lleno a la música de concierto, sin desaparecer del ámbito popular ni del Salón; de tal suerte que a finales del siglo XIX y principios del XX, la Habanera convivió con otras danzas que se fueron derivando de ella como el Danzón (en Cuba, México y el Caribe) y el Tango en Argentina y Uruguay.

La fuente de la colección de estas canciones playeras proviene fundamentalmente del estado de Yucatán, en donde se arraigaron, y cuyo vínculo con la isla de Cuba fue enorme, pues tanto La Habana como Santiago son metrópolis muy cercanas por la eficiente comunicación marítima. Por ello no debe extrañarnos que Mérida tenga tantos rincones que evoquen a estas ciudades vecinas. 

Sin embargo, no todas estas piezas son yucatecas: La Tapatía es de evidente origen mexicano, más propiamente del altiplano y tiene como letra un poema de Justo Sierra; La hamaca, publicada en Yucatán recientemente como Tengo mi hamaca tendida es una canción que figura en el cancionero de Cirilo Baqueiro,( conocido como Chan Cil), y el texto es de Rafael Zayas Enríquez; Golondrinas es una Habanera tradicional de Oaxaca; la Jívara [sic] es de origen cubano y Carmela reitera el vínculo marino de la Habanera ya que fue considerada en España Himno del marinero.

Estas piezas presentan varias facetas importantes de la evolución de la Habanera en sus años de mayor esplendor, cuando incursionó en el género de la canción. Por el desarrollo pianístico alcanzado llega a integrarse como una variante del Lied con sabor tropical en las salas de concierto y como un buen prontuario de la evolución de la Habanera hacia el Danzón.

La presente grabación, hecha a la manera de los trovadores yucatecos con guitarras y voces, es por todas estas razones, un impostergable viaje a lo más profundo de nuestro pasado sentimental.

Karl Bellinghausen

 

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