El Pequeño Príncipe, ópera en un acto de Federico Ibarra

El Pequeño Príncipe, ópera en un acto de Federico Ibarra


Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944), el célebre aviador devenido escritor y que cultivó con pasión ambos oficios, publicó en 1943 su novela corta Le petit prince, sin siquiera imaginar que se convertiría en el libro francés más leído y traducido del mundo. Son icónicos los ingenuos dibujos a la acuarela con que el propio autor ilustró su narración, infantil sólo en apariencia, aunque ciertamente represente un hito de la literatura para niños. Su misteriosa desaparición y presunta muerte en 1944, ocurrida durante una misión de reconocimiento para la armada francesa en plena Segunda Guerra Mundial, no hizo sino contribuir a la fascinación ejercida por El Principito e incrementar el atractivo de los enigmas que encierra. Es así que muchos de los personajes que desfilan por sus páginas se han erigido en símbolos y algunas de sus frases más famosas son poco menos que axiomas.


El impacto de la obra, con tintes poéticos y un argumento aparentemente simple pero que contiene profundas reflexiones críticas e incluso filosóficas sobre cuestiones como la naturaleza humana, el sentido de la vida, la amistad y la sensación de pérdida, ha subyugado desde hace 75 años la imaginación de niños y adultos por igual, y dado lugar a infinidad de interpretaciones del significado de sus muchas metáforas y alegorías; también ha dado pie a numerosas adaptaciones en ámbitos estrechamente ligados a la literatura, como el teatro, el cine, el ballet y la ópera. Un músico tan sensible al influjo literario como fuente de inspiración para su proceso creativo como ha demostrado ser Federico Ibarra, no podía permanecer inmune al encanto que logra ejercer la novela de Saint-Exupéry. Grandes poetas mexicanos y españoles han inspirado buena parte de su obra vocal y coral, mientras que para la creación de sus óperas se ha servido de importantes referentes de la literatura universal.

Federico Ibarra es sin duda uno de los más destacados, reconocidos y prolíficos compositores mexicanos de la actualidad, con más de cincuenta años de incesante actividad profesional. Ser Creador Emérito del Sistema Nacional de Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, y Premio Nacional de Ciencias y Artes, por mencionar sólo dos de los más importantes reconocimientos hechos a su trayectoria, lo sitúan en una posición preeminente entre los músicos de su generación.

Se puede decir  que la ópera se ha erigido en una suerte de columna vertebral de toda su producción, pero su amplio catálogo de más de cien composiciones consigna obras pertenecientes a todos los géneros: sinfonías, conciertos para instrumento solista, ballets, oratorios, cantatas, música de cámara para diversas combinaciones, música para teatro, canciones para voz y piano, coros, sonatas y gran cantidad de piezas para piano solo, instrumento del que también es ejecutante.

Han sido numerosas las instituciones culturales del país que le han solicitado y/o comisionado obras, y parte de ellas han sido editadas, grabadas e interpretadas en México y países como Australia, Polonia, Francia, Bélgica, España, Inglaterra, Alemania, Hungría, Estados Unidos, Argentina, Venezuela, Costa Rica, Brasil, Colombia, Ecuador, Cuba, Canadá, China y Sudáfrica. Recientemente fueron editados los registros sonoros de sus óperas Alicia y Antonieta, así como un integral de su obra vocal y coral; a ello se suma ahora la publicación de El pequeño príncipe.

La producción operística concebida por Ibarra a lo largo de su carrera se ha caracterizado por la variedad de temas que aborda y la calidad de los libretos que utiliza, lo que permite al compositor brindar una fusión entre música y poesía, una simbiosis entre la dramaturgia y el tejido orquestal, que crea la atmósfera adecuada para cada situación planteada en la escena. Ocho óperas hasta hoy dan buena cuenta del interés del compositor por este género tan complejo como atrayente: Leoncio y Lena (1980-1981), Orestes parte (1981), Madre Juana (1986), El pequeño príncipe (1988), Alicia (1989-1990),  Despertar al sueño (1994), El juego de los insectos (2007-2008) y Antonieta (2009-2010).

Cuarto título de este vasto corpus operístico sobre todo para los estándares modernos, El pequeño príncipe responde una vez más a la marcada inclinación del compositor por la estética surrealista, habitual en muchas de sus obras, y presenta la particularidad de que el papel titular fue concebido para ser interpretado por un contratenor. Existen, sin embargo, otras tres adaptaciones del célebre relato de Saint-Exupéry al terreno operístico: la realizada por el compositor soviético Lev Knipper (1898-1974) entre 1962 y 1971, y que sería una de sus últimas obras dentro de un inmenso catálogo de composiciones; la de Rachel Portman (1960), compositora británica conocida sobre todo por su música para películas, que presentó su versión de El Principito en la Houston Grand Opera en 2003; y finalmente, la del alemán Nikolaus Schappfl (1963), quien ofreciera la suya ese mismo año en la Gran Sala del Mozarteum de Salzburgo.

A su vez, Federico Ibarra dio a conocer su propia visión de El pequeño príncipe en 1988 en la UCLA, Universidad de California, Los Ángeles, dirigida por Luis de Tavira en lo escénico y por Robert Webb y Armando Zayas en la parte musical, con un elenco conformado por actores-cantantes norteamericanos y de origen hispano. La gestación de esta ópera responde, como muchas otras de las composiciones de Federico Ibarra, a un encargo que le fuera hecho por el propio Luis de Tavira, responsable de montar para la UCLA un gran espectáculo teatral sobre Antoine de Saint-Exupéry en el verano de 1988. Para el propósito de esta nota, el compositor rememoró las circunstancias que rodearon la creación de El pequeño príncipe:

"Tavira imaginó a Saint-Exupéry ante un grupo de estudiantes a los que hablaba de su carrera de aviador y escritor, y por supuesto de El pequeño príncipe; la ópera quedaba enmarcada entre dos grandes pasajes puramente teatrales, siendo interpretada originalmente por actores. Luis y yo habíamos trabajado previamente muy bien en Leoncio y Lena, así que en seguida acepté cuando me llamó para el proyecto. La cuestión es que no existía un libreto, y él iba haciendo la adaptación y eligiendo las escenas; pero la fecha se acercaba y yo seguía sin el material, hasta que finalmente tuve que escribir la música en 15 días, conforme Tavira me iba entregando las escenas. El problema surgió al llegar a la sexta escena, donde por cuestión de tiempo me rehusé a escribirla; era cuando el Principito conoce a gente de todos los asteroides que visita y había que identificar a cada personaje con una frase, pero esa sola escena era una ópera en sí misma; dadas las complicaciones que presentaba, Luis tuvo que aceptar mi negativa, y la escena se resolvió como ballet. La música se grabó en México, y en Los Ángeles se les montó la obra a los cantantes, encabezados por un magnífico contratenor canadiense, muy joven, que después hizo carrera. En un principio era música más fácil para que la pudieran hacer actores, como en el caso de Leoncio y Lena. En retrospectiva, fue un proceso muy divertido, angustioso e interesante."


El estreno nacional de la ópera se llevó a cabo en 1989 en el Teatro del Centro Cultural Helénico, protagonizada por Héctor Sosa, Guillermo Ruiz, Irasema Terrazas, Verónica Murúa, Claudia Michel, Salvador Guízar y Gustavo Cuautli en los papeles principales, con el Octeto Vocal Juan D. Tercero y Samuel Pascoe como director concertador.

"Para el estreno en México diez años después, –comenta Ibarra– revisé la partitura y escribí interludios musicales que permitieran hacer los cambios escénicos y que sirvieran como descanso para la mente; era también una manera de unir las diversas escenas, que podían resultar muy inconexas."

En 2012 tuvo lugar una reposición a cargo del Taller de Ópera de Cámara de la Escuela Nacional de Música de la UNAM, que ofreció funciones en la Sala Miguel Covarrubias y el Teatro Julio Castillo, con un elenco que incluyó a Iván López Reynoso, Jorge Álvarez, Liliana Aguilasocho, Cynthia Sánchez y Gerardo Matamoros, dirigidos escénicamente por Luis Miguel Lombana, ligado desde hace mucho tiempo a la obra de Federico Ibarra. Fueron dichos intérpretes los que plasmaron en disco compacto esta partitura en julio de ese año, también bajo la dirección musical de José Luis Castillo.

"Para ese montaje revisé la parte del contratenor y de la Flor, dándoles su forma definitiva –afirma el compositor. Yo leí el libro de adolescente y entonces entendí muchas cosas que a un niño pueden resultarle incomprensibles. Al leer el libreto entendí muchas más, pues incluso no recordaba que el Principito hablara tanto. Al acabar el proceso de creación volví a leer el libro, ya que antes yo trabajaba contra reloj, y me di cuenta de que Luis tenía razón, y efectivamente hubiera sido excelente componer la música de aquella sexta escena. Pero uno se hace una estructura mental de la obra, y elige temas que se pueden usar para cada personaje o situación..."

La aceptación que ha tenido esta pequeña ópera de cámara, de cuidada y reducida instrumentación, motivó que se presentara nuevamente en 2014, aunque acompañada al piano, dentro de la temporada de ópera para niños que ofrece anualmente el Centro Nacional de las Artes, en esa ocasión con Lourdes Ambriz prestando su voz de soprano para dar vida al protagonista, y acompañada por Jorge Álvarez, Edgar Villalva y Anabel De la Mora encarnando a la Flor, la Zorra y el Agua, en una puesta en escena de César Piña.

"No es una ópera para niños –enfatiza el autor. En el Cenart eran los papás los que realmente se involucraban con la obra, y si los niños prestaban atención, era más bien por imitar a sus acompañantes. En Bellas Artes, que no había niños, fue muy afortunado constatar que la ópera funcionaba muy bien y se iba entendiendo, a pesar de no usar la dotación original para cuarteto de cuerdas, arpa, flauta, clarinete y percusiones."

Y es que, finalmente, El pequeño príncipe tuvo su estreno en el Palacio de Bellas Artes para inaugurar la Temporada de Ópera 2016, en un programa doble que también incluyó  a Antonieta, y que constituyó un Homenaje por el 70 aniversario de Federico Ibarra, el compositor que más ha contribuido a enriquecer el catálogo de la ópera mexicana en los últimos cincuenta años.

Francisco Méndez Padilla.

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