Chanson d'amour, romanzas mexicanas del siglo XX
Luz Angélica Uribe, soprano; Armando Merino, piano
Somos nuestra historia, al menos eso
es lo que dicen algunos conocedores, y para entendernos debemos conocer nuestro
pasado. El historiador puede ser entonces una suerte de sicoanalista de la
colectividad y mientras más claro sea, nos hará percibir el pasado como algo
que no nos es ajeno y en buena medida familiar. También el conocimiento del
pasado puede ser una actividad lúdica y ésta se puede alcanzar conociendo y
apreciando nuestra música. Esta música particularmente tiene un perfume que está
presente en nuestras emociones y cuando escuchamos alguna vieja pieza parece
decirnos algo muy nuestro.
La música mexicana de concierto del siglo XIX permaneció archivada durante muchos años, lejos del desorden de la Revolución Mexicana. Actualmente las obras de aquellos años están resurgiendo con gran vitalidad. Los especialistas de antaño han calificado con cierto desprecio a esa música como italianizante, afrancesada, germanista, religiosa, de salón, burguesa, etcétera. Probablemente el dictamen de tanto especialista no sea del todo falso, pues... ¿no es esa la naturaleza de la definición cultural de cualquier nación? En realidad esas calificaciones sintéticas y especializadas poco nos dicen al escuchar esa música, ya que ese simple hecho nos remite a una experiencia vívida que nos pertenece y para bien o para mal, nos define musicalmente, permitiéndonos sondear en nuestro pathos colectivo.
La evolución de la industria fonográfica contemporánea ha puesto a disposición pública millares de obras que antes eran conocidas por un puñado de “ratones de biblioteca” que sólo podían acercarse a esa música por una lectura al piano. Hoy es posible escuchar, tanto en grabaciones formales como en ejecuciones en vivo, muchas veces accesibles por el creciente número de festivales que han dado especial atención a este vastísimo repertorio que de tan antiguo y misterioso, hoy nos resulta nuevo y paradójicamente, también familiar.
El atribulado nacimiento del México independiente encontró cierta definición al terminar el Imperio de Maximiliano. Las funciones de teatro y particularmente las operísticas se convirtieron a una actividad frecuente. Con la República Restaurada y el régimen de Porfirio Díaz se promovió la cultura y la música como nunca antes, pues era imperativo demostrar que en México se podían realizar grandes obras maestras al mismo nivel que en Europa.
La influencia de la ópera italiana se afianzó en el gusto mexicano, de tal suerte que las obras de Bellini, Donizetti y Verdi se convirtieron en el paradigma del arte musical; pero también las obras destinadas al salón burgués, como las piezas de exaltación técnica, las de contenido sentimental y las danzas de moda, fueron otro repertorio musical aclamado por la burguesía mexicana. El personaje más apropiado y mejor calificado para ello fue Melesio Morales (1838 – 1908).
Melesio Morales fue el primer compositor que abarcó de manera solvente estas vertientes e incluso se dio el lujo de buscar ciertas innovaciones, por ello fue él quien de manera mas firme consolidó el género de salón y el género dramático a niveles antes desconocidos de México y de hecho, en momentos las fusionó en una serie de canciones en las que el virtuosismo de salón convive con la romanza de estilo italiano y el sentimentalismo burgués. Las canciones en esta grabación son canciones técnicamente muy exigentes para la voz.
Morales encarnó el perfil del músico mexicano exitoso: estudios especializados en Europa y el triunfo ante el público y la crítica, por ello se convirtió en un maestro de enorme prestigio en el Conservatorio, quizá el mas admirado durante los primeros años de esta institución. Pero el arte sigue su curso y con el tiempo las tendencias cambian, dando paso a las nuevas generaciones. Eso sucedió hacia los últimos años del siglo XIX, cuando la influencia de los compositores franceses empezó a llamar atención entre los jóvenes músicos. Fue así que los mismos alumnos de Melesio Morales se convirtieron en sus rivales artísticos, sobre todo Ricardo Castro (1864 – 1907) y Gustavo Campa (1863 – 1934).
Ricardo Castro es para muchos conocedores de nuestra música, el más grande músico mexicano del siglo XIX, pues no sólo se destacó como creador, sino que además desarrolló una brillante carrera internacional como pianista. En tanto que su amigo Gustavo Campa desarrolló una actividad más íntima como compositor, docente, teórico y periodista (en el campo de la crítica musical).
Estos dos últimos compositores respiraron los aires franceses y de ahí absorbieron el sentido armónico de los compositores parisinos más importantes, como Cesar Frank, Claude Debussy y sobre todo Gabriel Fauré.
La selección de canciones de Melesio Morales presentada en este disco es una síntesis de sus cualidades compositivas que lo colocaron en el lugar preferencial del Porfiriato, pues muestran lo aspectos virtuosísticos, dramáticos, sentimentales y populares antes mencionados.
1) Il sospiro d´amore es un gran vals de salón con un texto del célebre libretista Felice Romani y dedicada Antonieta Pozzoni, personaje a quien conoció posiblemente durante la estancia de Morales en Florencia. Este vals fue publicado en Italia en versión de piano y voz, pero se ha encontrado una orquestación de gran formato.
2) Addio es una pieza especialmente interesante, pues está construida de manera muy operística, con un recitativo y aria de carácter dramático. El texto de Pietro Metastasio fue muy famoso, pues fue abordado por muchos compositores de primera línea como Mozart, Beethoven, Weber y Cherubini, además de haber sido parafraseado por poetas españoles. También este poema es conocido como La partenza o Ecco quel fiero istante. Esta romanza fue dedicada a Rosa Palacios, conocida como la “Calandria de Anáhuac” quien la cantó en la inauguración del auditorio del Conservatorio.
3) Guarda esa Flor es de este grupo, la más cercana a la canción mexicana. Compuesta sobre un poema de Luis Gonzaga Ortiz, poeta mexicano de espíritu rebelde y autor de ensayos llenos de ironía. Melesio Morales trabajó varias veces con este poeta y de esas colaboraciones ésta es la más célebre, pues fue editada en México, Florencia y Nueva York. Esta canción cuenta también con un arreglo orquestal posiblemente del mismo Morales.
4) Ohimé! es otra de las canciones orquestales de Melesio Morales. El texto original en italiano es del mismo compositor y fue traducido al español por Luis G. Ortiz. Esta es una romanza sentimental de estilo italiano con tres secciones perfectamente identificables.
5) L´ultimo mio sospir es una romanza de carácter similar a la anterior, pero con dos secciones. El texto es de Luis Gonzaga Ortiz y la edición presenta dos traducciones, una al italiano por Ignacio Durán y al francés por Alfredo Bablot.
6) Una de las características que distinguen las canciones de Ricardo Castro de las de su maestro es el empleo de un acompañamiento pianístico más autónomo y Chanson d´Automne es un buen ejemplo de ello. Aquí emplea un acompañamiento al piano que despliega arpegios, de manera semejante a los compositores post franckianos de la segunda mitad del siglo XIX. El texto es de E. Favin, un poeta poco conocido. Esta obra fue publicada póstumamente, al igual que muchas otras que Castro dejó al morir prematuramente en 1907.
7) Les larmes, tiene un acompañamiento que sugiere una orquestación densa y la línea está mas dentro de un carácter más dramático que sentimental. La segunda parte de la canción tiene una exaltación melódica que nos recuerda a Chopin, paradigma de Castro.
8) Entre las obras póstumas de Castro está Premier Chagrin, publicada en 1909. Como subtítulo indica “romanza” con un acompañamiento sincopado que rememora a otras obras de Castro como el Ave verum. Premier Chagrin es una pieza singular por las sucesiones armónicas poco usuales, pues está en re bemol mayor, una tonalidad compleja, y modula a do bemol mayor, otra aún más compleja. Esto refleja ya un pensamiento musical muy avanzado que quizá anuncia ciertas corrientes del siglo XX. Estas dos tonalidades se presentan incrementando un sentido grandilocuente exacerbando el dolor del primer amor.
9) Desconocemos el autor del texto de Je táime, pero el lenguaje musical combina una línea melódica de cierto carácter francés con un acompañamiento de aires Schubertianos. Ésta también es una obra póstuma, aunque quizá la fecha de composición puede ser anterior a su viaje de estudios a Francia.
10) Les rosées de Gustavo Campa es una pieza curiosa, pues arranca con una introducción de marcado color wagneriano debido a la indefinición tonal semejante al Tristán, pero que desemboca a un inconfundible entorno tonal coloreado con acordes arpegiados. En cuanto al texto, Campa, como un verdadero intelectual de su tiempo se fue a lo seguro, pues tomó un conocido poema de Rene Francois Armand (Sully) Prudhomme (1839 – 1907), quien en 1901 recibió el Premio Nobel de literatura.
Karl Bellinghausen

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